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¿Quién está mejor preparado para hacerse cargo de los niños, los hombres o las mujeres?

Durante mucho tiempo la respuesta a esta pregunta era falsamente sencilla: puesto que el padre trabaja fuera de casa, el rol de cuidadora primaria de los hijos es trabajo de las madres. Se exalta la natural disposición de las mujeres para ocuparse de la casa, de la familia y muy especialmente del cuidado de los niños, haciendo un mito de la conducta.



La mayor habilidad y conocimiento en la realización de las tareas domésticas creaba una especialización con respecto a los hombres y acotaba una cierta esfera de poder femenino. Esta área de influencia femenina dentro del hogar permaneció inmutable hasta los años 60, en que la naciente extensión del movimiento feminista puso en cuestión una serie de principios relacionados con el reparto de poder y responsabilidades, no sólo dentro de la familia, sino en un marco más general. Pero el movimiento feminista no fue el único factor responsable de ese cambio. Los tres factores que han contribuido fundamentalmente al creciente interés sobre el papel de los padres han sido: los cambios en el perfil demográfico de las familias actuales, el aumento del empleo materno y el impacto consiguiente en la repartición de las labores domésticas y finalmente, los debates políticos sobre el bienestar de los niños.

En los primeros momentos mejor dicho en los primeros días como también los primeros años de vida del niño el cuidado en mayor proporción es trabajo de la madre, debido a que el niño se encuentra estrechamente ligado a la dependencia materna, por un lado, la lactancia, y el calor materno que debe recibir el recién nacido. Esto no significa que el padre no se hará cargo de ninguna actividad dentro de este tipo de situaciones, claro que no sucederá así, también tendrá roles muy importantes que cumplir, tales como proveer para el hogar, dedicar y sacar tiempo para pasar con el niño mientras éste crese, también dispondrá del tiempo para pasarla juntos con la esposa; es decir el papel de padre y madre está equilibrada en todos los aspectos de la vida.

Antiguamente la madre solo se dedicaba al cuidado del niño hasta que estos hayan alcanzado una cierta edad, la suficientemente como para poder cuidarse por sí solos cuando los padres no se encontraban y conforme seguían creciendo se les daba ciertas actividades o roles menores que deben de cumplir dentro del hogar. Si hacemos una semejanza entre el pasado y lo presente nos daremos cuenta que ha cambiado bastante el rol de ser padre o madre. Ser madre en nuestros días también es un rol que papá puede hacerlo siempre y cuando en la familia fluya la comunicación eficaz entre ambos.

Ahora las mujeres han ido tomando independencia en todos los campos que antiguamente se encontraban bloqueados para ellas, como es el caso el acceso a un trabajo público, al voto, a la participación pública, a la educación, etc. Lo que antes no tuvieron ahora son capaces de gozar de dichos privilegios. Tales cosas han permitido a que sus derechos y obligaciones sea tan idénticas a las de los hombres que casi no se pueden distinguir, claro está que los roles del varón de la actualidad están a la par con el que desempeñan las mujeres.

Regresando al campo materno y paterno ha sucedido casi lo mismo, con la única diferencia que la madre tendrá un poco más cuidado en el cuidado del hijo durante sus primeros meses o años de vida, después de esto tanto padre como madre ambos son capaces de satisfacer el rol del uno y del otro en el cuidado de los hijos. Cabe recalcar a pesar que los dos puedan tener las mismas capacidades de proteger al niño, en su primera instancia hay prioridad de la mujer madre sobre el varón padre, pero se tiene que entender que los dos están en plenas capacidades para desarrollar tales roles.

Para ser un buen padre y una buena madre éstos tienen que tener una cierta capacitación que han ido desarrollado a lo largo de su vida, es por esta razón que un compromiso matrimonial debe ser en las edades adecuadas con la finalidad que estas capacidades paternales puedan ser completadas en ambos para ser padres, porque no será igual un padre o una madre de 15, 16 años a comparación de los que ya han alcanzado su madurez como persona (20-30 años) los comportamientos claro está que serán muy diferentes en ambas situaciones.

Dentro de lo más básico que los padres deben presentar ante sus hijos deben tener espíritu de Interacción: el padre interacciona cara a cara con su hija/hijo en actividades tales como jugar, darle de comer, cuidar, vestir, pasear, etc. Accesibilidad: el padre puede o no interaccionar directamente con su hija/hijo, pero está disponible (tanto física como psicológicamente para cualquier momento del niño o niña). Responsabilidad: el padre asume su responsabilidad en el bienestar y el cuidado del niño (búsqueda de cuidado alternativo cuando está ocupado, por ejemplo) aunque puede no estar interaccionando directamente con él, al menos en ese momento puede obtener ayuda de terceras personas (amas).  

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