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Cómo son los verdaderos cimientos de un compromiso matrimonial




Dentro de un matrimonio es inevitablemente que la presencia de Dios sea el principal componente del amor, pues Él es dueño de todo lo que se siente dentro de todos éstos compromisos. En segundo lugar, es que los dos participantes tengan la suficiente comprensión y el conocimiento necesario de todas sus actitudes para llegar a confirmar dicho compromiso matrimonial.

Los matrimonios están destinados para una mutua colaboración de esposos, el uno para él otro y sentir ese sentimiento que ya no son dos sino una sola persona viviendo con el amor de Dios hecho para un matrimonio. La forma en que Dios trata a sus hijos representa el modelo ideal para el trato entre los miembros de la familia y en especial los esposos. Éste trato Dios nos ha mostrado a través de cuatro puntos centrales que, si lo aplicamos a nuestro matrimonio, pues contribuirán a cimentar considerablemente el grado de compromiso de nuestra relación.

Primero: Los pactos. Para entender el termino pacto hay que comenzar distinguiéndolo del termino contrato. ¿Cuál es la diferencia? Un contrato de acuerdo al diccionario es un acuerdo legal que se celebra entre partes iguales en los que se establece lo que le corresponde hacer a una parte por la otra y así sucesivamente. En otras palabras, es que la esencia del contrato es que cada uno de los involucrados se comprometen a cumplir su compromiso si el otro también lo hace.

En cambio, el término pactose aplica a la relación que Dios quiere establecer con nosotros sus hijos y se caracteriza por ser un compromiso de amor que no depende del hombre para que esto suceda. Es decir, aunque usted y yo no amemos a Dios, y aunque nuestra conducta no sea la correcta él siempre nos amará por el solo hecho de que somos sus hijos, esto es un amor incondicional.

¿Qué relación tiene esto con su matrimonio? Respondemos con otra pregunta. ¿Qué clase de relación estableció usted con su cónyuge al casarse: un pacto o un contrato?  Si es un pacto entonces no esperará amor de esa persona para poder brindarle amor; tampoco exigirá que cumpla con un código de conducta para amarla. Eso no. Sino que la amará de manera incondicional, así como Dios lo ama a usted. Y, al amar incondicionalmente, de esa misma manera también será amado.

Segundo: El perdón. E aquí otra diferencia básica entre los dos contratos y el pacto de amor de Dios con sus hijos. ¿Qué ocurre si en el contrato una de las dos partes incumple? Sencillamente se aplican sanciones de acuerdo al que el mismo contrato establece. Es verdad que en el pacto de amor con Dios y la humanidad también existe una normativa, su santa ley, pero en su maravilloso plan siempre figura el perdón para el que ha errado.

¿Qué gobierna en nuestros matrimonios, el imperio de la ley o el reinado del perdón? El resultado del ambiente del perdón es que cada uno perdona las faltas del otro y es a si mismo perdonado.

Tercero: El servicio. Otro elemento distinto es que nuestro padre nos rodea de todo lo necesario para que nos desarrollemos plenamente como personas y para que tengamos vida en abundancia (S. Juan 10:10). Él no escatima ningún recurso con tal que reunamos el mayor grado posible de desarrollo.  

¿Ocurre algo similar en nuestro matrimonio? ¿estamos utilizando nuestros recursos para servira nuestro cónyuge, de modo que se desarrolle hasta el máximo nivel posible? ¿o estamos utilizando esos recursos más bien para contratarlo? ¿o cómo un simple medio para satisfacer nuestras necesidades?

El compromiso del servicio significa que cuanto somos y tenemos (influencia, poder, dinero, tiempo, etc.) lo usaremos para que nuestra pareja pueda crecer como persona en todos los aspectos de su vida. Cuando esta realidad se logra en nuestra vida conyugal no solo servimos sino también somos servidos.

Cuarto: La intimidad. Intimidad aquí equivale a la experiencia de conocer y a la misma vez ser conocidos. Esta experiencia no es opcional para el individuo. O la tiene o se pasará la vida desarrollando mecanismos de defensa para sobrevivir.

¿Cuál debe ser el modelo para imitar? De nuevo, el modelo lo provee el mismo Dios del cielo quien conoce hasta nuestro más profundos pensamientos y emociones y también desea que lo conozcamos personalmente, que establezcamos con él una relación de compañerismo íntimo y ese es el compañerismo intimo e ideal para cada matrimonio. Esto es lo que significa llegar a ser una sola carne: alcanzar un grado de intimidad que supere cualquier otra relación humana. Una relación sin máscaras ni secretos. Cuando la intimidad de la pareja es de este calibre, entonces cada uno conoce al otro profundamente y es conocido de la misma manera.

Amar y ser amado, perdonar y ser perdonado, servir y ser servido, conocer y ser conocido: estos son los elementos que mejor describen la manera en que Dios se relaciona con nosotros sus hijos. ¿No deberían también ser los rasgos que caractericen la relación que usted mantiene con el ser que Dios escogió como su cónyuge hasta que la muerte los separe? 


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