
Ser colaborados es algo valioso para alcanzar la felicidad plena. Una persona colaboradora en todo sentido es porque ha entendido que las cosas marchan de esa manera y no les importa la actividad u ocupación en que pueden brindar su ayuda; solo tienen muy en claro que colaborar con los demás hará que estos se sientan bien y satisfechos por el trabajo que desempeñan.
Las personas colaboradoras son aquellas que más felicidad encuentran por la cantidad de personas que pueden incluir en su círculo social y amigable, estos son más sociables que cualquier otra persona. Al hablar de colaborador no significa compartir bienes monetarios o físicos sino aquella actitud que conlleve a un acto de caridad y bienestar social sin importar nada en recompensa. Esto podemos englobarlo en una simple idea ´´ tener un espirito de colaborador es participar en conjunto sin importar los beneficios que se obtendrá´´ claro de esto saldrá una felicidad como único regalo.
Ser colaborador en todo, siempre ha sido truncado por varios problemas, uno de ellos comúnmente llamado es la envidia. Muchas de las veces la envidia se comporta como una enfermedad mental difícil de controlar que lleva a un remordimiento de colocarnos en la posesión del otro. Esto puede traer fuertes controversias en la vida de las personas y es como una barrera para no tener el deseo de colaborar por culpa de la envidia y el orgullo personal.
Si en verdad quieres cambiar se debe de escanear lo que hay por dentro y sacar lo que ya no sirve todo lo que se siente como dañino para uno mismo. Porque tener algo dentro sabiendo que nos causa problemas, no sirve de nada para alcanzar vivir en un mundo de paz.
Dentro de nuestra práctica que llevamos a cabo en nuestros primeros días de empezar a difundir este conocimiento; este era un gran problema para uno de nuestros invitados, él era una persona genial a nuestras primeras impresiones, todo parecía marchar bien en su vida, todo aparentaba estar tranquilo sin ningún problema. Pero con el transcurso de los días nos damos cuenta que no era así, no quería participar en las actividades de una forma colaborativa y se comportaba como una persona orgullosa. Al ver aquella actitud abordamos el tema en una de nuestras reuniones y comentamos lo desventajoso que es no tener aquel deseo de colaborar. Al principio pareció enfadarse dentro de sí porque fue como una bofetada en misma llaga del orgullo.
Pasado pocos días aquel invitado antes orgulloso y no colaborativo pasó una transformación profunda. Qué bueno fue al saber que dejó aquel sentimiento de amargura para pasar ser un ser sociable. Genial el cambió de un estado crítico a un estado sociable, transformó su vida en pocos días. Los resultados fueron increíbles. Pasó de ser solitario a tener muchos amigos en las que podía confiar, pasó a un mundo de sonrisas plenas. Las relaciones en su hogar también experimentaron un cambio radical en un sentido positivo, allí nos damos cuenta que el orgullo y la enviada son dos parientes que muchas veces evitan la felicidad a las personas.
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