La fluidez verbal es la capacidad que nos permite desempeñarnos verbalmente con eficiencia. Se considera una función ejecutiva que se evalúa mediante pruebas de generación que piden la producción de palabras pertenecientes a un grupo o categoría específicos dentro de un límite de tiempo. Se conocen dos tipos de pruebas de fluidez verbal: fonológica (o alfabética) y semántica. En una prueba de fluidez de tipo semántica, por ejemplo, se le solicita al sujeto que mencione todos los animales que pueda en un minuto. En esta tarea, los sujetos suelen utilizar la estrategia de agrupar a los animales por categorías, y comenzar nombrando, quizás, todos los animales domésticos, seguir por los de la selva, luego los de la granja, luego los del bosque, luego los marinos, etc. Las tareas demandan la inhibición de palabras que no pertenecen a la categoría especificada y la implementación de estrategias que permitan la generación del mayor número posible de palabras dentro del tiempo estipulado.
El desempeño está influido por los niveles de vocabulario del niño o sujeto y por el medio socio-cultural en el que vive. Un bajo nivel educativo se asocia a una baja producción en pruebas de fluidez verbal. Las habilidades de fluidez verbal semántica y fonológica mejoran con la edad y parecen alcanzar su máximo desarrollo entre la adolescencia y la adultez temprana. La prueba de fluidez fonológica tiene un nivel de dificultad mayor que se refleja en una menor producción de palabras al compararla con la prueba de fluidez semántica.
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